SEMILLA AGUSTINIANA
Recibido
No les diría estas cosas si oyese cosas buenas acerca de ustedes; pero, si me callo, temo ser condenado junto con ustedes. Por tanto, hermanos míos, quiso Dios que pasase por aquí. Mi hermano me retuvo, me mandó, me suplicó y me forzó a dirigirles la palabra. ¿De qué debía hablarles sino de lo que más temor me infunde? ¿De qué sino de lo que más me duele? ¿Ignoran que yo y todos nosotros hemos de rendir cuentas muy rigurosas a Dios por las alabanzas de ustedes ? ¿Pensáis que estas alabanzas son un honor para nosotros? Son un peso, no un honor. Muy rigurosa cuenta hemos de dar de esas alabanzas; temo mucho que nos diga Cristo en el día del juicio: «Siervos malvados, con agrado recibían las alabanzas del pueblo a la vez que callaban sobre su propia muerte». El Señor Dios nuestro nos concederá que en adelante oigamos cosas buenas de ustedes y que por su misericordia recibamos el consuelo de la corrección de sus vidas, pues cuanto más grande es ahora la tristeza, tanto mayor será entonces el gozo ( Serm 301A,8).P. Juan A. Cardenas
Unidos en oración
Recibido
“Tú, Señor, me llenas de alegría con tus maravillas; por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos”. Sal 92,4.Cuando miras tu vida con gratitud, descubres que Dios te regala motivos para sonreír cada día. Sus bendiciones, grandes y pequeñas, son una muestra constante de su amor.
Unidos en oración.P. Julian Ospina
PALABRAS DEL SANTO PAPA LEÓN XIV (Mt 6, 19-23)
Recibido
El evangelista Mateo nos invita a reflexionar sobre la importancia del corazón, al citar esta hermosa frase de Jesús: «Porque allí donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6,21). Es, entonces, en el corazón donde se conserva el verdadero tesoro, no en las cajas fuertes de la tierra, no en las grandes inversiones financieras, hoy más que nunca enloquecidas e injustamente concentradas, idolatradas al precio sangriento de millones de vidas humanas y de la devastación de la creación de Dios. Es importante reflexionar sobre estos aspectos, porque en los numerosos compromisos que afrontamos continuamente, aflora cada vez más el riesgo de la dispersión, a veces de la desesperación, de la falta de sentido, incluso en personas aparentemente exitosas. En cambio, leer la vida bajo el signo de la Pascua, mirarla con Jesús Resucitado, significa encontrar el acceso a la esencia de la persona humana, a nuestro corazón: cor inquietum. Con este adjetivo «inquieto», san Agustín nos hace comprender el impulso del ser humano que tiende a su plena realización. La frase completa remite al comienzo de las Confesiones, donde Agustín escribe: «Señor, tú nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (I, 1,1). La inquietud es la señal de que nuestro corazón no se mueve al azar, de forma desordenada, sin un fin o una meta, sino que está orientado hacia su destino último, el de «volver a casa». Y el auténtico destino del corazón no consiste en la posesión de los bienes de este mundo, sino en alcanzar lo que puede colmarlo plenamente, es decir, el amor de Dios, o, mejor dicho, Dios Amor. (León XIV - Audiencia general, 17 de diciembre de 2025)